En la antigüedad, para muchas personas es de conocimiento, que existieron los faraones. Faraón (en
hebreo,
פרעה; en
griego,
φαραώ ,
copto :
ⲡⲣ̅
ⲣⲟ Pǝrro) era el
título dado al rey en el
Antiguo Egipto.
Para los antiguos egipcios el primer faraón fue
Narmer,
denominado
Menes por
Manetón,
quien gobernó hacia el año 3050 a. C. El último faraón fue una
mujer:
Cleopatra VII, de ascendencia
helénica,
que reinó del año 51 al 30 a. C.
Sin embargo, el título de
"faraón", con su término egipcio
pr ˤ3 (
per aa),
"casa grande", solo debería utilizarse en puridad (cualidad de puro),
cuando
Egipto llegó a serlo de verdad,
extendiendo su poder más allá de su territorio original, que se produjo
solamente a partir del
Imperio Nuevo,
más específicamente, a mediados de la
Dinastía XVIII,
posterior al
reinado de
Hatshepsut.
Los faraones fueron
considerados seres casi
divinos durante
las primeras
dinastías y
eran identificados con el dios
Horus(
Horus ("
el
elevado") era el
dios celeste
en la
mitología egipcia. Se le consideraba como el
iniciador de la civilización egipcia. Era el dios de la realeza en el cielo, de
la guerra y de la caza.
1
Su nombre egipcio era
Hor (Ḥr); Horus es su nombre
helenizado (Ώρος).
Divinidad griega,
Apolo.
Era el hijo de la diosa
Isis y
el dios de la resurrección
Osiris.
2
1)
. A partir de la
dinastía
V también eran «
hijos del dios Ra».
Normalmente no fueron deificados en
vida. Era tras su
muerte cuando
el faraón se fusionaba con la deidad
Osiris y
adquiría la
inmortalidad y
una categoría divina, siendo entonces venerados como un dios más en los
templos.
Esta tradición en la actualidad parece utilizarse
aunque más tímidamente, pero no deja de practicarse aunque si de manera subliminal,
pues los reyes, gobernantes y lideres que hemos tenido son endiosados por la
gente a tal magnitud que, aun después de su muerte, se hacen referencias a
estos como aquellos seres que se consideraban inmortales en la antigüedad. Algunos
los citan como si en verdad estuvieran vivos y parecen ser los encargados de
eternizar su influencia en la actualidad.
Este pensamiento aunque bastante antiguo
sigue pululando en la mente de muchos que buscan a través del tiempo mantener
el legado de estos muertos, muchas veces para beneficiarse políticamente de ellos
y a veces pretenden ser sus herederos como si se tratare de un espíritu que viene
del más allá a poseerlos, dominarlos y dirigirlos. Tenemos el caso del presidente
Nicolas maduro en Venezuela, quien pretende ser el heredero al trono del
fallecido Hugo Chávez y en ocasiones ha expresado que su espíritu a través de un
pajarito le habla las cosas. Pero el sistema de gobierno es bastante distinto
de lo que fue el del presidente Chávez.
En dominicana no falta quienes citen a los
caudillos Joaquin Balaguer o Rafel Leónidas Trujillo, y hasta hacen
invocaciones de estos ante los males que vive la sociedad de hoy. Pero esto se ve hasta en el ámbito religioso.
Por ejemplo lo que sale de la boca del papa para los católicos es palabra
irrefutable que viene de Dios, cuando es de todos sabido los errores que ha
cometido el papa actual; y no falta uno que otro presidente que, al tomar el
poder quiera ir al vaticano a ver si besando el anillo del papa se le pega ese espíritu
de dios que posee.
En el ámbito cristiano evangélico,
hemos visto lo mismo, se cuenta de un famoso evangelista que fue a la tumba de
una mujer usada por Dios en vida, a tocar sus huesos a ver si cual Eliseo, los
huesos de esta le transferirían la unción de los milagros.
Toda esta admiración y veneración no es más
que la repetición de las costumbres e idolatrías antiguas de venerar como dioses
a los faraones y líderes. Seguir el legado de un gran líder no es malo, pero produce
un estancamiento el no traer nuevas ideas, el no actualizar los sistemas y
permitir que sea Dios el que dirija nuestras vidas y nuestro liderazgo.
En la palabra de Dios vemos, como el señor
dirigía a su pueblo a través de un sacerdote, al cual le revelaba su palabra para
que el pueblo le sirviera y diera gloria a su nombre. Desde que Israel le pidió
a Dios a través del sacerdote samuel que les diera un Rey, comenzaron los grandes
problemas para este pueblo. Con esta petición le estaban diciendo a Dios que ya
no querían su reino, su dirección, que estaban cansados del sistema teocrático
de un Dios que todo se lo había dado, que los sacó de la esclavitud y los llevo a una tierra
que fluye leche y miel. Un Dios que los bendijo y los cuido. Cuando se vieron
navegando en esta abundancia y esta prosperidad se rebelaron contra él y pidieron
un rey. Dios se los concedió y los resultados están escritos en los libros de
Samuel.
Aun dentro de las iglesias vemos el
caudillaje actuando. Lideres que se enseñorean de las ovejas y pretenden eternizarse
en sus posiciones y no dan paso y oportunidad a los nuevos talentos quizás con
mejor preparación y visión para que la obra avance. Pretenden ser ellos
alabados y glorificados toda su vida en puestos que esperan por jóvenes emprendedores
que mantengan las instituciones y engrandezcan el nombre de Dios, solo por que
ellos se sienten los grandes faraones, nadie más tiene visión y capacidad según
ellos para tomar las riendas del liderazgo.
Los líderes que piensan así son unos mezquinos, que habiendo sido ellos
electos y apoyados por el pueblo, después que tienen el poder, no lo quieren
soltar y estancan las instituciones y estancan el desarrollo de las naciones.
El liderazgo tiene que aprender, no se
eternizan los lideres pero si las instituciones. Estas son las que deben
permanecer. Por eso muchos imperios cayeron, muchos gobiernos y sus líderes fracasaron,
por que quisieron ser admirados y venerados más allá de lo permitido. Se envanecieron
en sus puestos y cayeron sin poderse levantar y destruyeron sus naciones.
Aprendamos de estos, demos paso a que las nuevas generaciones tomen el control.
Démosle un voto de confianza a nuestros nuevos líderes y emprendedores. Dios tiene
a mucha gente buena para usar.